la luminiscencia maldita
que nos empalaga las
neuronas
entre cada parpadeo
metafísico
la sobredosis de esquizophrenias
que se acurrucan
en nuestras memorias poplíteas
en nuestras dislexias
del tiempo y el complot
las bocas hambrientas de
sedes que no proliferan, que
no se mezclan ni se derriten
por culpa de los amores visuales
que nunca fueron tactos,
que nunca fueron caricias.

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